Un rompecabezas milenario de siete piezas. Triángulos, cuadrados y romboides. Y millones de combinaciones. Solo tienes que encontrar la correcta para armar el diseño deseado. ¿Te atreves?
Ese es el juego, una combinación de contemplación, paciencia y habilidad. Y un método fantástico para avivar el músculo de nuestra memoria desde la percepción. Eso hace que sea un pasatiempo que hemos añadido a nuestros Talleres de Memoria. Ana y Conchi lo utilizan con su alumnado, feliz de vérselas con estas piececitas de colores para crear un caballo, una bailarina o un monje.
El picorcillo de sobreponerse a un reto ejerce una motivación que, sin darnos cuenta, ejercita nuestra mente. Ese es el objetivo. El juego es simplemente un camino para alcanzar ese horizonte. Aprender jugando. O jugar aprendiendo. Nos da igual mientras sea divertido.
Se dice que el Tangram procede de la antigua China imperial, inventado durante la Dinastia Tang, y desde entonces ha sido un quebradero de cabeza que nos ha dado muy buenos ratos. ¿Sabías que Napoleón se harto a armar figuritas durante su exilio a Santa Elena?
¿Has jugado alguna vez al Tangram? ¿Cuál es tu creación favorita?
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